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REAL PARROQUIA DE OMNIUM SANCTORUM

   La Iglesia de Omnium Sanctorum (su denominación castellana sería de Todos los Santos), de estilo gótico-mudéjar, fue fundada en la segunda mitad del siglo XII. Su reedificación obedece al s. XIV, aunque conserva desde su fundación la portada principal con arco gótico ojival abocinado.

   La planta es de tres naves, de cinco tramos cada una, separadas por arcos apuntados de pilares cruciformes, cubierta por techumbres de artesonado de madera en la principal y en forma de colgadizo en los laterales, la cabecera es muy acusada con ábside poligonal y bóveda de nervadura gótica.

   En la fachada observamos tres bellos ventanales circulares y uno pequeño con adornos de vidriera enmarcado por un arco de herradura. La torre, es de principios del s. XV destacando en ella una decoración compuesta por red romboidal (paños de sebka) sobre arcos polilobulados. A los lados de la portada puede verse un azulejo que representa a la Virgen de Todos los Santos (Antonio Kiernans, 1929) y una cruz de cerrajería que recibe por nombre La Tinaja. En 1936 fue una de las iglesias sacudida por los sucesos de la Guerra Civil. Juan Talavera fue el encargado de restaurar la iglesia después de los dramáticos hechos. En una de sus esquinas encontramos la Cruz del Garfio desde 1816, llamada así por un garfio en el que los carboneros pesaban su mercancía en una romana a cambio de una limosna.

   De su interior, al ser prácticamente reconstruido tras el incendio de 1936, no queda mucho de su original. Su retablo mayor, perdido, fue realizado en el s. XVIII y tenía la particularidad de ser de estuco, algo extraño en este tipo de arquitectura. En el centro estaba la Virgen de Todos los Santos, obra del s. XVI de Roque Balduque, retocada en el s. XVIII, siglo en el que se añadieron las esculturas de los santos que rodean a la Virgen, afortunadamente la imagen sagrada se salvó del incendio y hoy podemos contemplarla en un baldaquino realizado en 1940 por José Paz Campano. En este lugar existieron unas tribunas que comunicaban mediante un pasadizo volado con el palacio de los Marqueses de la Algaba, situado frente al ábside del templo.

   En la cabecera de la nave izquierda se halla un retablo del segundo cuarto del s. XVIII, con imagen moderna al centro y en las calles laterales, separadas por columnas salomónicas, sendas esculturas de Santa Rita y San Antonio de Padua, ambas del XVIII. A continuación, dos arcos decorados con azulejos, algunos del s. XVII y la mayoría de 1940.

   Igualmente, en la cabecera de la nave derecha, se sitúa un retablo de un cuerpo y tres calles separadas por columnas salomónicas de hacia 1690, con escultura al centro del Cristo de la Buena Muerte, ejecutado en 1592 por Andrés de Ocampo, y en los laterales la Virgen y San Juan del XVII.

   En 1993 se cerró al culto debido al mal estado de las cubiertas, reponiéndose al culto en 1996 tras las obras de restauración.

   Actualmente las imágenes titulares se encuentran ubicadas en la Capilla de los Cervantes de dicha parroquia. Ésta se encuentra a los pies de la torre, cubierta con un cimborrio sobre trompas y cerrada por una reja del Siglo XVII. En un principio fue capilla funeraria de la familia Cervantes, como indica la inscripción en la parte superior de la reja. Pasó a convertirse, con el tiempo, en baptisterio de la parroquia, de lo cual queda la maravillosa pila bautismal de mármol situada en el centro de la capilla.

 

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